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Vivir ahora

He visto morir a tantos amigos, algunos de edad, pero la mayoría yo pienso no tenían para que irse todavía, tenían mucho que dar.

Yo perdí seres muy queridos que abandonaron este mundo siendo muy jóvenes. Algunos de enfermedad. O, por ejemplo, cuando era más joven que ahora, una gran amiga del alma de treinta años salió feliz de su casa porque nos íbamos a juntar para tomar decisiones con respecto a nuestras vidas y proyectos comunes. Simplemente camina unos veinte metros y un conductor ebrio la mata ahí mismo, al cruzar la calle.

Por esto enseño siempre a aprovechar el día, a compartir con los amigos o seres queridos, ahora. A comunicarse a tiempo. Porque “mañana” puede que no exista. “Tenemos que vernos”, “tenemos que conversar”, “nos juntamos un día de estos” … son frases postergativas y carentes de valor.
He tenido la “suerte” de seguir en este mundo, aún cuando ya realicé todo lo que vine a hacer y realicé todo lo que me pidieron. Ha sido una vida buena, sin tener que estar sujeto a horarios rígidos, ni depender de vestuario especial para ser aceptado. He realizado muchos trabajos, creado mucho, aprendido. He vivido muchas vidas en una. Y he hecho lo que me gusta. De modo que la vida ha sido más bien como un juego. He procurado mantener firme mis principios de ética y estética, mi respeto a todos los seres humanos y los seres vivos en general. Y la vida me ha ido premiando por eso.
Me he mantenido con una mente tranquila porque siempre tengo voluntad al bien y buena voluntad. He estado disponible para ayudar y apoyar. Lo que no sé, lo aprendo, y bien. Luego lo enseño de manera fácil de comprender. El daño que me puedan haber hecho ya se me olvidó. Las falsedades que puedan decirse de mí (como de toda persona), no requieren siquiera un minuto de ocupación de mi parte. Ni el rencor ni el odio existen en mí. Sólo yo puedo impedir que me hagan daño.
Tal vez por eso aún todavía hay mucha gente que me quiere. Sin embargo, lo más importante, muchas me aman. Y yo les amo.
Sergio Valdivia Correa
Maestro de Mindfulness
He cruzado el desierto sobre un caballo sin nombre,
me sentí bien estando fuera de la lluvia.
En el desierto, no puedes recordar tu nombre,
porque no hay nadie para hacerte daño.

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