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El alza de pasajes de transporte ha provocado un estallido social

Las fuerzas del orden fueron sobrepasadas y la ciudad quedó a disposición de la delincuencia. El gobierno acusa a la izquierda de los disturbios.

Disparos de armas contra la gente.

Conviene recordar o informarse de la historia, porque si no se toma en cuenta el pasado, la historia tiende a repetirse.


La batalla de Santiago

Abril de 1957

Eran los últimos años del gobierno de Carlos Ibáñez del Campo y el contexto de pobreza generalizada e inflación alta, sumado a la incapacidad política para resolver esos problemas, establecían un terreno fértil para el surgimiento de movimientos reivindicativos.

Durante el segundo gobierno de Carlos Ibáñez del Campo (1952-1958), el país sufrió una crisis económica que, incluso tras la adopción de diversas medidas económicas, no fue controlada. Ante esta situación, el gobierno contrata la misión Klein-Sacks, la cual propuso que se adoptaran medidas de corte más liberal, en abierto contraste con la política proteccionista establecida hasta entonces.

Entre otras cosas, Klein-Sacks propone congelar el aumento de salarios y eliminar la fijación de precios en algunas áreas. El gobierno de Ibáñez adopta algunas de esas medidas, lo que provoca el malestar de la población. Lo que detonó la crisis fue el alza de la tarifa del transporte público. Ante esta situación, las principales organizaciones sindicales, encabezadas por la Central Única de Trabajadores, convocan para una gran movilización nacional los días 2 y 3 de abril de ese año.


Los hechos de mayor dramatismo llegaron con la muerte en las calles de la estudiante Alicia Ramírez Patiño, que marcó un punto de inflexión definitivo en las protestas. Tras esto, se desencadenaron hechos de violencia en la capital, que incluyeron asaltos, saqueos a armerías, barricadas, incendios, apedreos masivos y ataques a las sedes de los tres poderes del Estado. El historiador Gabriel Salazar, en La violencia política popular en las “Grandes Alamedas” sostiene que se desencadenó un movimiento de “metódica destrucción” tras el cual “nada quedó entero”. Las fuerzas policiales eran sobrepasadas por los manifestantes, siendo retiradas de las calles, quedando la ciudad sin custodia y a merced de quienes protestaban, hasta que se decretó el Estado de Sitio y con ello la intervención de los militares para resguardar el orden público.

La movilización en Santiago se desarrolló de manera espontánea, con la gente llegando desde distintas partes y uniéndose en el camino. Así, la movilización llegó a tener cerca de 20 mil personas en el centro de la capital. Pronto comenzaron algunos disturbios. Carabineros intervino, pero los disturbios no concluyeron, sino que se agravaron. Cientos de personas atacaron y destruyeron varios locales comerciales, vehículos de transporte público, y otras propiedades públicas y privadas.

La violencia de masas, por su parte, se expresó en múltiples formas de desobediencia y ataque.
Algunas notas de prensa:

“Turbas incontrolables llegaron hasta Plaza de Armas y empezaron a una metódica destrucción de bancos, casetas y faroles. Pequeñas fuerzas de Carabineros opusieron sus armas. Y aquí la gente tuvo la primera y engañosa sensación de victoria. Los uniformados escaparon casi con humillación. Vi cómo un grupo de unos 30 carabineros arrancaron de la plaza hacia Compañía seguidos de una lluvia de piedras. Se parapetaron en las puertas y en el Teatro Real. De allí disparaban al aire todavía”
La Tercera, 3/4/57 
“Hechos sintomáticos se produjeron durante la asonada de ayer. Las turbas, en su afán sedicioso, no respetaron ninguno de los poderes constituidos del Estado. Pretendieron asaltar La Moneda y atacaron de hecho los edificios en que funcionan el Congreso Nacional y los superiores Tribunales de Justicia. La prensa no escapó, tampoco, a este afán destructor…”
La Nación, 3/4/57

Ante estos hechos, el Gobierno decide suspender provisoriamente las sesiones del Congreso y decreta el Estado de Sitio, sacando a la calle varias unidades del ejército al mando del general Humberto Gamboa, las cuales se unen a la policía y se enfrentan contra los manifestantes.

Soldados y carabineros disparaban sus armas contra la gente desarmada, que se defendía con piedras.

En la noche del martes 2 de abril, el general Gamboa leyó por cadena nacional de radios un “parte de guerra” de lo que calificó como “batalla de Santiago”. Informó que la situación estaba controlada y que el “enemigo” tuvo 18 muertos y 500 heridos.

Posteriormente, la cifra oficial de asesinados subió a 21. Pero todo indica que la cantidad real fue superior.



Al día siguiente, la policía civil allanó y requisó elementos de medios de prensa opositores al gobierno. Días después, el Gobierno fue investido de facultades extraordinarias por parte del Congreso, lo que le permite detener y relegar a dirigentes opositores.

El gobierno consideraba que el movimiento social había sido instrumentalizado por las corrientes de izquierda para crear un levantamiento revolucionario.

La Batalla de Santiago significó un golpe mortal para el gobierno de Ibáñez, que vio con esto prácticamente terminada su carrera política.

Finalmente, el gobierno constituyó una comisión que revisaría las tarifas, las que quedaron congeladas. Numerosos muertos y cientos de heridos fueron el triste saldo de las intensas jornadas de manifestaciones que nuevamente evidenciaron la fragilidad de aquella democracia, en la que los chilenos situaban sus esperanzas, pero también era motivo de frustraciones.

La revolución de la chaucha

Agosto 1949

En 1946 llega al poder Gabriel González Videla. El gobierno decidió aumentar en 20 centavos (moneda de bajo valor denominada popularmente como "chaucha") la tarifa del transporte público. En la noche del 16 de agosto los estudiantes salieron a protestar en las calles, apoyados por empleados y obreros.

Los manifestantes incendiaron automóviles, derribaron postes del tendido eléctrico y volcaron buses. Por orden del Gobierno, Carabineros los atacó de manera desproporcionada, dejando un saldo de decenas de heridos y varios muertos, lo que es inexplicable si no fuera por el enrarecido clima político.



El gobierno, a diferencia de otras ocasiones similares, enfrentó y resolvió el problema de fondo, terminando el movimiento. Entre los resultados obtenidos tras las manifestaciones se encuentra la creación del Comité Unido de Obreros, una especie de antesala de lo que hoy es la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), además del establecimiento de una tarifa preferencial para estudiantes.



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