El hilo rojo

Cierra tus ojos e imagina la sangre que te da vida y que corre por tu cuerpo. Ahora piensa en los millones de venas y arterias que la conducen para que llegue a cada rincón de tu organismo. Bien, de todas las posibles conexiones en tu sistema circulatorio hay una directa entre tu corazón y tu dedo meñique. Gracias a la arteria cubital estos dos aislados puntos de tu cuerpo se conectan. Esto quiere decir que tu pequeño dedo puede ser el mejor embajador de tu corazón y por ello en muchas culturas para sellar una promesa entrelazas la punta de tu meñique con la de otra persona.

Según la leyenda japonesa del hilo rojo, el dedo más pequeño de tu mano no es donde termina esta vital conexión con tu corazón. Del meñique se desprende un invisible hilo rojo que lleva la impronta de tu alma y te conecta de forma definitiva y profunda con los hilos de otras personas, es decir, con sus corazones.