¡Ah, el amor!

Tengo la certeza que yo no puedo gustarle a todos. Unos me amarán y quizás otros hasta me odiarán. No puedo ser a gusto de todos y no me queda más que ser como soy, hoy un poco mejor que ayer.

El saberme apreciado me estimula a seguir sirviendo y a encontrar bella la vida. Más hermoso aún es que algunos me lo digan abiertamente. Es un regalo tan hermoso recibir palabras de amistad, de amor, elogios merecidos y a veces inmerecidos.
A mí me hace más feliz y me estimula a compartir la felicidad con los demás. Si estoy enfermo, me ayuda a sanarme más rápido. Es lo que a mí me pasa. Y como pienso que a otros les puede pasar lo mismo, estoy dispuesto al elogio sincero, a dar palabras de estímulo y a expresar mi amor por los demás.

Hay muchas maneras de expresarlo. Hoy por ejemplo, debí suprimir los turnos de terapias. No puedo ir a atender para recuperarme bien de mi resfrío para realizar sin dificultades un seminario este sábado. Y una de mis “pacientes” dice: 'pagaré de todas maneras mi terapia, en agradecimiento'.

Es claro que no me hará ni más rico ni más pobre el valor de una terapia. Pero gestos como estos, ¡me hacen inmensamente rico espiritualmente!

INFINITAS GRACIAS

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