Las primeras manifestaciones conocidas de la escritura mesopotámica y la escritura griega coinciden en un hecho sorprendente y a la vez muy normal: se trata de textos de contabilidad vinculados al intercambio de diferentes mercancías. Da toda la impresión de que para la humanidad, al menos para la humanidad de la Edad de Bronce, llevar bien las cuentas era más urgente y necesario que dedicarse a la lírica.